6 febrero, 2023

¿Qué es una epifanía? Es una manifestación breve, inesperada, una pequeña iluminación que puede ser comparada al satori del zen.

Pero la epifanía (epi: alrededor, fano: lo sacro) tiene en su manifestación una duplicidad básica que hace hincapié en un contraste fundamental: el de la radical diferencia entre lo que se manifiesta mediante ella con los materiales empleados, o el marco en el que sucede.

La “Epifanía de los Reyes Magos”, como se decía en los almanaques domésticos hasta hace muy poco (¿se sigue diciendo así todavía?), es el modelo o typo ejemplar. El contraste y duplicidad no pueden ser mayores. Tres magos –es decir, tres sabios en la ciencia astrológica– siguen desde su país, Caldea, la huella celeste de una estrella que –según han determinado por sus saberes–significa el nacimiento de una figura todopoderosa, real-soberana.

Al llegar a su meta ven que el “rey del mundo” ha nacido en un marco material que contradice –o “contradeciría”– a esa realeza y soberanía: un pesebre, rodeado de animales y seguramente con olor a estiércol.

Como epifanía ejemplar, la de los Reyes Magos muestra que en ella se da esa “contradicción” aparente o anomalía o, más aún, extrañamiento de lo habitual, que en el zen son paradojas verbales; de allí su diferencia esencial con la epifanía cristiana.

No es tan sólo una paradoja del uso normal y cotidiano del lenguaje, sino que es manifestación completa, representación que en su binariedad problemática –donde no se condice su sentido con el marco material en el que se representa–, da la clave de bóveda de toda, o de muy buena parte de la imaginería y simbólica tradicional de Occidente con despliegue universal; sin más: católica.

Lo sublime, lo alto y trascendente, el pleno Excelsior objetivado, representado materialmente con una materia y marco todo que contradice, más aún, que se da directamente de bruces con aquello que en paralelo proclama.

Éste –“el epifánico”– es el esencial, raigal, fundamental elemento de la imaginación católica que fue sumado al concepto del cine y a su hacer. Y diríamos que prácticamente tan sólo el cine supo hacer y volver operativo, a diferencia de tanto artista ostentosa y oficialmente católico que tuvo que recurrir a un lenguaje –poético o visual– neo-clásico y “reciclado”, y a embutirse en un limbo seudo medieval con el que tan sólo se consiguió efectivamente armar una suerte de bric-à-brac y cambalache de guardarropía teatral o de inflación retórica.

Por cierto, los tres reyes logran pasar la “prueba epifánica”; puesto que entregan sus tres dones –incienso, oro y mirra– a pesar de la “contradicción” material frente a la que se encontraron…

Por Ángel Faretta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *