6 febrero, 2023

Dirección: Mateo Bendesky. Guion: Sergio Dubcovsky, Nicolás Schujman, Mateo Bendesky. Música: Gabriel Chwojnik. Fotografía: Daniel Ortega. Reparto: Martín Piroyansky, Julieta Zylberberg, Alan Sabbagh, Rafael Ferro, Luis Machín. Argentina, 2022. 98 minutos.

El Doctor Tangalanga (Julio Victorio de Rissio, 1916-2013) comenzó su carrera, como comediante, en la década de los cincuenta y principio de los sesenta. El suyo fue un humor especial sostenido en conversaciones telefónicas. La charla comenzaba siendo amable y educada para dejar, de a poco, fuera al interlocutor, sin faltar el respeto llegando al absurdo, hasta que, el que estaba del otro lado, reaccionaba furioso y enojado.

Todo comenzó con la intención de acompañar a un amigo enfermo a través de la diversión generada por el teléfono. Con su muerte ( 1980) Tangalanga dejó de hacer humor. Otros, que habían disfrutado de sus monólogos, lo animaron y terminaron convenciéndolo para que volviese a la comedia haciéndose, cada vez, mas conocidos distribuyendo las cintas grabadas y generando una cadena que llegó a todo el país.

El Doctor Tangalanga fue número uno en bromas telefónicas. Claro esta: era un tiempo de teléfonos fijos, sin celulares, redes sociales, internet ni Twitter. Por entonces era casi imposible no recordar algún momento en que sus chistes no arrancaran una sonrisa. Es dudoso pensar que esta es una biopic del personaje, aunque podría serlo.

1962. Jorge Rizzi (Martín Piroyansky) es oficinista, torpe y tímido, tartamudo en publico, incapaz de acercarse a la chica que le gusta. Pero no son los únicos “atributos” que tiene: los que lo conocen saben que es fiel a sus amigos y muy gracioso. Un día es objeto de una sesión de hipnosis a cargo de Tarrufa (Silvio Soldán),que lo libera de sus inhibiciones. Ese es el momento en que tiene una revelación al descubrir una nueva habilidad: tomar el teléfono y convertirse en Tangalanga – un alter ego desenfrenado- para hacer reír a quienes lo necesitan. Al principio, utiliza sus nuevos poderes para animar a Sixto (Alan Sabbagh), un amigo convaleciente (y que lo había salvado,con su histrionismo, en tantas oportunidades en la empresa) y, ahora,también lo utiliza para conquistar a Clara (Julieta , Zylberberg) la recepcionista del sanatorio en el que está internado. Pero, pronto, todo sale de cauce.

Tangalanga solo se lo conoce por la voz siendo sus audios muy famosos. Hoy esas grabaciones son posibles de escuchar, mas allá de la calidad técnica, en diversas plataformas, siendo capaz de entrecruzar lo popular y lo culto, lo vulgar y lo mas elaborado, traspasando varias generaciones.

La película tiene una ambientación muy bien lograda. Se alude a productos de moda de la época (la Bidú, los reproductores de cintas, etc.), los colores de moda aplicados en los vestuarios, uso de la televisión a tubos y teléfonos fijos.

Esta es la historia de un hombre y su tiempo. Y también de lo que permanece de su sano humor sabiendo que la risa constituye un súper poder. Solo se necesita un teléfono., un aparato con una única función: hablar, a la distancia, con otra persona (algo difícil de pensar hoy con los celulares) dándole valor a la palabra; situación hoy casi excluida del circuito de la comunicación tanto como el uso de las guiás telefónicas, las llamadas equivocadas, los teléfonos ligados…

Martín Kohan en su ensayo ““¿Hola?” hace un recorrido por los cambios que introdujo la telefonía celular y la consiguiente crisis del teléfono. “fijo” al borde de la extinción. El aparato puede contar una historia de lo que fue. Y no de lo que sera. Saberlo es aceptar que Tangalanga, todavía, es una voz en el teléfono.

Fuente: El Espectador Emancipado

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